Te dí mis manos y mis ojos, te dí mis noches azules y mis atardeceres rojos, entregué mis rachas de inspiración, solo me quedan los recuerdos rotos.
Tomaste mi mano y me soltaste, sin gracia ni aliento tú me dejaste, me hiciste creer que podría volar, coagula mi sangre en un triste jaspe.
Dejaste de lado los buenos quereres y alegres ayeres de viernes a viernes de verdes placeres vestía la muerte colores sabores mi carne y tendones con aves y flores compras tus amores temores a pecho mil cartas mil sobres ardientes fervores sin pares sin nones despacio me acabo haciendo deberes yo nunca sabré por qué todo quieres.